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La vivienda en el barrio judío de Segovia

 

 

La primera referencia explícita en Segovia a una vivienda ocupada por un judío la encontramos en un documento de 1287 en el que como lindero de una casa se recoge otra en que solíe morar Salamón de Ávila.

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Desde finales del diglo XIV numerosos integrantes de la comunidad hebrea de Segovia residían en viviendas alquiladas a la catedral. Es posible que esta circunstancia se debiera a la inseguridad jurídica que afectaba a la población judía, a las dificultades que ésta encontraba para adquirir bienes muebles o a la gran movilidad que siempre caracterizó a los miembros de esta comunidad.

Durante el siglo XV, a consecuencia del establecimiento de las dos juderías, las viviendas habitadas por los hebreos se pueden localizar con mayor precisión, pero no se hace obligado reconocer de nuevo que nada en su arquitectura las distingue del resto de los inmuebles de la ciudad. En las juderías la población hebrea adecuó sus necesidades residenciales y laborales a los modelos constructivos vigentes en esos momentos y a los materiales disponibles en su entorno, sin aportar novedad alguna. Esto se puede señalar así en aquellos casos en los que los judíos fueron propietarios de su propia casa o hicieron construir ésta, pues ninguna aportación especificamente judía cabe suponer en los numerosos casos en los que residieron en viviendas alquiladas.

La evolución urbanística de Segovia ha permitido la conservación, con las lógicas transformaciones causadas por el uso continuado, de un buen número de viviendas populares en el barrio que albergó la judería a fines de la edad media. 

El solar sobre el que se asentaban las edificaciones contaba por lo general con una superficie entre treinta y cuarenta metros cuadrados, lo que las obligaba a ganar espacio en altura. Las viviendas presentaban una fachada de entre cuatro y siete metros de longitud, en la que se abrían ventanas pero no balcones. Las portadas, todas de ladrillo, podían ser adinteladas, esto es, rematadas con una sencilla viga, o adoveladas, cerradas con un arco también de ladrillo.

En la primera planta la fábrica era de mampostería y a partir de ahí de ladrillo sobre un entramado de madera. Los pisos eran de baldosas y las paredes se enlucían en el interior. En estos inmuebles se levantaban por lo general tres alturas a las que frecuentemente se sumaba un desván aprovechable. La topografía del barrio, situado en una pronunciada pendiente, y la naturaleza del subsuelo, de roca caliza, facilitaba la existencia de sótanos o bodegas donde se encontraban los aljibes. También era frecuente que las viviendas contaran en su parte trasera con un sencillo patio o se abrieran a un espacio comunitario, los característicos corrales.

Fuente: Extracto del libro El Patrimonio judío de la ciudad de Segovia. Bonifacio Bartolomé.

 

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