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Inicio»Noticias»Generales»CONFERENCIA DE RAFAEL RUIZ. COMER O NO COMER. DOS HITOS DE LA CULTURA SEGOVIANA EN CONFLICTO: EL MUNDO JUDÍO Y EL COCHINILLO. DOCUMENTOS, TESTIMONIOS LITERARIOS Y SU APARICIÓN EN LA ICONOGRAFÍA ARTÍSTICA

CONFERENCIA DE RAFAEL RUIZ. COMER O NO COMER. DOS HITOS DE LA CULTURA SEGOVIANA EN CONFLICTO: EL MUNDO JUDÍO Y EL COCHINILLO. DOCUMENTOS, TESTIMONIOS LITERARIOS Y SU APARICIÓN EN LA ICONOGRAFÍA ARTÍSTICA

 

 

 


COMER O NO COMER. DOS HITOS DE LA CULTURA SEGOVIANA EN CONFLICTO: EL MUNDO JUDÍO Y EL COCHINILLO. DOCUMENTOS, TESTIMONIOS LITERARIOS Y SU APARICIÓN EN LA ICONOGRAFÍA ARTÍSTICA

Rafael Ruiz Alonso

En nuestro país se habla de la "Cultura andalusí" como una mezcla de elementos cristianos, judíos y musulmanes, que todavía hoy define muchas de nuestras costumbres; pero no es menos cierto que esta mezcla, descrita a veces como una convivencia idílica, chocó con numerosísimas barreras, algunas tan fundamentales como la comida: el libro del ajedrez de Alfonso X el Sabio puede mostrarnos a un cristiano y a un musulmán jugando una partida; sin embargo, ambos jugadores no podrían seguramente sentarse juntos a comer, porque sus preceptos religiosos atañen a la comida y por tanto les separan.

Este hecho –que puede parecernos una simple curiosidad o un hecho trivial- se muestra como un verdadero abismo si buscamos la raíz etimológica de la palabra "convite" en la palabra latina "convivium", que significa banquete, pero que también derivaría hacia otra, "convivir". El hombre va a buscar en la comida mucho más que alimentarse: es la reunión familiar o del grupo con el que uno se identifica, el intercambio de ideas, se marcan las jerarquías, se estrechan lazos, se aprende de los mayores. Es por ello que a las distintas religiones les interesó y mucho fijar los términos alimenticios de sus fieles, separándolos de los otros credos. Uno de los animales que más barreras planteó fue precisamente el cerdo, prohibido en religiones como la judía o la islámica.

Segovia en su cultura cuenta por tanto con dos elementos indisociables de ella, pero también antagónicos: el cochinillo –por extensión, el cerdo- y su pasado judío. De ambos elementos, en Segovia y en la cultura occidental, trata esta charla.

La presencia de platos en base de cerdo en los banquetes, a juzgar por las fuentes escritas, ha sido ciertamente habitual desde tiempos remotos, de hecho se trata de una de las primeras especies en ser domesticada. También se ha constatado su aprovechamiento ritual, siendo sacrificado a diferentes dioses.

Su aceptación masiva se ha debido históricamente a varios factores: un rapidísimo crecimiento y engorde, unas excelentes dotes para la procreación, una gran fertilidad, su facilidad para adaptarse a numerosos alimentos y también, una cría que no ofrece grandes dificultades ya que en numerosos lugares se ha criado en un régimen de semilibertad que eximía al campesino de tener que buscarle el sustento.

Pero en paralelo a esta aceptación del cerdo y del cochinillo, el hombre también ha sentido el rechazo, mediatizado en muchas ocasiones por cuestiones religiosas.

Al pueblo hebreo le está prohibida la carne porcina, considerada "taref", "trefa" o "terefá" - es decir, "impura"- por las leyes "Kashrut", conjunto de prescripciones que determinan los aspectos gastronómicos de la religión judía; a los alimentos "taref" se oponen los "kosher" o "kasher", es decir, aquellos considerados aptos para el fiel. Este hecho llamó la atención ya desde la Antigüedad.

El cristianismo, a pesar de ser una religión nacida en el seno del mundo judío, aceptó su consumo, marcando el cerdo así una profunda diferencia. Escrita a finales del siglo XV, la "Historia de los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel", obra de Andrés Bernáldez -conocido como "el cura de Los Palacios"-, deja ver la crispación que esta cuestión, referida específicamente a los judíos, suscitaba en el sector eclesiástico y en aquella parte de la población cristiana favorable su expulsión:

"Esta maldita raza no quería traer sus hijos a bautizar, o si lo hacían, los lavaban para eliminar la deshonra nada más volver a casa. Aderezaban sus guisados con aceite en lugar de con manteca, se abstenían de comer cerdo, observaban la Pascua, comían carne durante la cuaresma, y enviaban aceite para renovar las lámparas de las sinagogas, además de otras muchas abominables ceremonias de su religión...".

Como sabemos la expulsión de los judíos llegó en 1942; sólo aquellos que se convirtieran al cristianismo podrían quedarse; pero las conversiones voluntarias o forzosas no terminaron con el problema. Los judíos cristianizados o cristianos nuevos continuaron siendo objeto de odio y recelo, colocándose en el punto de mira de la Inquisición, institución que velaba por la ortodoxia religiosa, amparada por el Estado. Abrazar la nueva fe exigía la renuncia a sus anteriores atavismos y la aceptación de nuevos principios religiosos y sociales. En definitiva, ser cristiano imponía comer cerdo y son muy numerosas las denuncias, confesiones y acusaciones que a este respecto atestiguan los procesos inquisitoriales, testimoniando la importancia de la comida en la asimilación de una cultura.

La segunda parte de esta charla trata sobre el mundo de los símbolos, considerando algunas significaciones que el cerdo adquirió en el ámbito cristiano y como éstas fueron transformadas en imágenes antijudías. El reino animal ha sido objeto de atención de los escritores desde la antigüedad, quienes han vertido en sus obras descripciones y observaciones referidas al comportamiento de las diversas especies con distintos fines, entre ellos los morales, sirviendo las bestias –en su proceder- como ejemplos de la buena o mala conducta humana.

El cerdo no va a ser ajeno a todos estos procesos, sino más bien un gran protagonista de ellos. Vamos a observar sólo algunos de sus comportamientos y su utilización como símbolos, dado que una parte importante de la simbología que recae sobre él, en especial la negativa, va a tener gran incidencia en el conflicto social entre cristianos, judíos y conversos. De este conflicto nos han quedado numerosos testimonios literarios y artísticos. La Lujuria, la Gula y una de sus muchas derivaciones, la Avaricia, son pecados que iconográficamente se hacen cabalgar sobre cerdos en la iconografía cristiana; a estos pecados respondían algunas de las acusaciones hacia los judíos, de ahí la aparición del judío a lomos de puerco. Para algunos autores, el apetito insaciable del cerdo, capaz de devorar a niños, debió de ponerse en conexión con las inquietantes muertes rituales de los niños mártires a manos de judíos, como atestigua una estampa dedicada al niño Simón de Trento. La Pereza es otro "pecado" achacable al cerdo y también al judío, por dedicarse al trabajo intelectual, una conclusión a la que se ha llegado a la hora de interpretar imágenes de puercos que leen o escriben en las sillerías de coro. Otras imágenes más asépticas que encontramos de puercos y puercas en contextos religiosos –capiteles, molduras, miniaturas, relieves de sillerías- pueden también referirse a los judíos en general al haberse identificado al cerdo como un animal sucio y a la suciedad con el pecado, siendo el judío el mayor pecador. El odio antisemita llegó incluso a dar la vuelta a un signo positivo del cerdo como es la Abundancia y a convertirlo en las ofensivas judensau, imágenes en las que se representa a una cerda como madre del pueblo judío.

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