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CONFERENCIA DE RAFAEL RUIZ - COMER O NO COMER. DOS HITOS DE LA CULTURA SEGOVIANA EN CONFLICTO: EL MUNDO JUDIO Y EL CERDO

El pasado sábado 28 de mayo, dentro del programa del IV Ciclo de actividades en la Judería de Segovia, organizado por la Empresa Municipal de Turismo de Segovia en colaboración con Casa Sefarad-Israel, tuvo lugar la conferencia "Comer o no comer. Dos hitos de la cultura segoviana en conflicto: el mundo judío y el cerdo", a cargo de Rafael Ruiz.

Rafael Ruiz es Licenciado en Geografía e Historia, Doctor en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid, y Graduado en Artes Aplicadas y Oficios Artísticos por la Casa de los Picos en la especialidad de "Procedimientos murales". Desde 2008 es Académico Numerario de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce. Hace 17 años que ostenta el cargo de Coordinador de Actividades Culturales en Caja Segovia. Su labor investigadora se ha llevado hacia aspectos que muchas veces han pasado desapercibidos o que han sido directamente marginados por la investigación, pero en los que siempre ha confiado como receptores de historias que encierran una parte indisoluble de lo que es Segovia y de lo que es ser segoviano.

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Lleno absoluto en la conferencia de Rafael Ruiz

La conferencia navegó por los diferentes espacios del cerdo en la historia: temporales (el cerdo en la antigüedad, en la temprana Edad Media, tras la Peste Negra, en el renacimiento...), geográficos (percepción del cerdo en las diferentes culturas del mediterráneo), religioso (la percepción del cerdo como representante de las más bajas pasiones humanas) o económico (el cerdo en los bosques versus el cerdo en las granjas, la bajada de producción debido a su fama de insalubre en la Edad Media tardía...).

Con relación al mundo judío, se dio un repaso somero a los estudios antropológicos, las leyes del kashrut, la percepción cultural y los textos sagrados. Más en profundidad, el estudio del cerdo como alimento obligatorio para los conversos y las tretas para evitarlo de los judaizantes.

Con ejemplos concretos, fuimos descubriendo que algunos de estos Cristianos Nuevos aducían afecciones físicas para no ingerir el cerdo. Estando como estaban desacostumbrados a su ingesta, llegaron a declarar que comer cerdo les producía asma, ceguera, vómitos, diarreas y ascos. Otros aprovechaban para tirar al suelo los trozos susceptibles de ser cerdo, para que se los comieran los animales domésticos. En el monasterio de Guadalupe, Diego de Segovia (monje converso) 'casualmente' no bajaba a comer los días que había algún plato con cerdo, o 'cedía caritativamente' su ración a otros monjes 'más necesitados'. Cuando no les quedaba más remedio, muchos de estos conversos sobrecocinaban la carne hasta prácticamente carbonizarla, o mezclaban porciones ínfimas con cantidades ingentes de otros alimentos.

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Imagen de una judensau europea

Rafael Ruiz nos habló del proceso inquisitorial llevado a cabo sobre la familia del obispo de Segovia don Diego Arias Dávila, de familia conversa. En él, algunos criados declararon que la carne se compraba siempre en el antiguo barrio de la Judería, utilizando para esos menesteres a criados niños o una criada morisca que tenían en la casa. Esta misma criada contó cómo en sábado tenían la costumbre de comer adafina (guiso de garbanzos y cordero típico del shabbat sefardí) convenientemente depositado sobre brasas la tarde del viernes para que estuviese tibio el sábado (ya que, según la ley mosaica, no se puede encender fuego en shabbat). Mientras ellos ingerían este alimento el mediodía del sábado, la criada declaró que se quedaba en la puerta vigilando que nadie entrase.

Diego Arias Dávila también es objeto de un relato que acaece en la villa de Valdeprados, de su propiedad. Retornando de un viaje hacia su hogar en Segovia, debe hacer un alto en el camino. En el almuerzo, se ve 'obligado' a comer pie de cerdo estofado (en otras versiones son morcillas), acción que lleva a cabo ingiriendo grandes cantidades de vino. Para la última copa, formula una bendición en hebreo, y le susurra a su criado con gran congoja que al final, envidia a los que decidieron marcharse antes que convertirse, pues los conversos lo pasan peor.

Algunos de los conversos criaban cerdos en sus casas, precisamente para escapar a las sospechas de sus vecinos y evitar tener que comer cerdo en público. Se cree que la costumbre de hacer la matanza en la calle podría también hacer las funciones de 'disfraz' de prácticas judaizantes, ya que con este acto los conversos 'convencían' a los demás de que manipulaban los cerdos porque ya no eran impuros para ellos, al haberse hecho cristianos. Hay incluso sospecha de que los trozos del cerdo sacrificado no se ingerían a modo de comida de humanos, sino que se echaban a sus congéneres para deshacerse de ellos.

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La batalla entre la Iglesia y la Sinagoga, donde esta última aparece representada montando un cerdo

Rafael Ruiz ofreció una conferencia muy amena, interesante, ampliamente documentada y sorprendente en muchos de sus relatos. Estamos deseando poder hojear ese tremendo trabajo sobre el cerdo que 'se está cocinando' a modo de libro.

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