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Cementerio judío




La antigua necrópolis judía

El único yacimiento arqueológico específicamente judío con el que cuenta la ciudad de Segovia es el correspondiente al antiguo cementerio hebreo, excavado por primera vez con criterios científicos en 1886.

Este cementerio está situado al suroeste de la ciudad, fuera del recinto amurallado. Se encuentra frente al lienzo de la muralla dominado por la puerta de San Andrés y está separado del núcleo urbano por el antiguo cauce del río Clamores. La mencionada puerta de la muralla constituía la salida natural desde la ciudad hacia el cementerio, al que se llegaba atravesando el puente de La Estrella. La necrópolis limitaba en su parte superior con la meseta que marca el límite del valle y en la inferior con un gran escarpe en la roca originado por el cauce del río Clamores. Se ha estimado que este cementerio tuvo una extensión aproximada de unas cinco hectáreas, de las cuales sólo se han analizado arqueológicamente algo menos de trescientos metros cuadrados.

grupo de tumbas antropomorfas

El cementerio, asentado sobre la roca caliza que conforma el valle del río Clamores, presenta dos tipos de enterramientos, en fosas y en cámaras hipogeas. Las primeras corresponden a tres tipologías diferentes: antropomorfas, esto es, con forma humana, que cuentan con cabeceras circulares o cuadrangulares; de bañera, denomnadas así por la forma con la que fueron talladas en la roca; y de fosa simple en tierra, en las que no se llegaba a horadar la piedra o se igualaba ésta de un modo muy superficial.

A las cámaras hipogeas se les ha supuesto una cronología más antigua que a las fosas y su existencia supone una excepción dentro del panorama funerario judío en la edad media peninsular. Estas cuevas presentan una plantan circular o elíptica y una altura central de algo más de un metro y medio que va decreciendo hacia los lados, dotando al espacio de un volumen semiesférico. A las cámaras se accede por aberturas cuadradas o rectangulares ante las que se ha realizado un pequeño desmonte en el que se sitúan unas pequeñas rampas de acceso.

Los enterramientos localizados presentan la cabecera al oeste y los pies al este, estando orientados por tanto hacia Jerusalén. En cuanto a la modalidad de inhumación practicada, los cuerpos encontrados estaban en posición decúbito supino, esto es, con la espalda apoyada en el suelo.

La arqueología y la documentación no han aportado hasta el momento datos sobre el origen de este cementerio que, a falta de nuevos descubrimientos, parece ser el único que utilizó la comunidad hebrea durante sus tres siglos de presencia en la ciudad. La tipología de las fosas se corresponde con las utilizadas en otras necrópolis hebreas hispanas entre los siglos XI y XV, sin poderse especificar más. Por otra parte, la ausencia de restos humanos relevantes, de ajuares o de elementos epigráficos no ha permitido a los arqueólogos establecer una cronología precisa de utilización de este espacio funerario. La documentación escrita, por último, no aporta datos de interés a este respecto, pues la priemra referencia explícita al fonsario de los judíos es de 1460, una fecha muy tardía y cercana ya a la expulsión.

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El año 1492 los Reyes Católicos entregaron al concejo de Segovia el terreno ocupado por el cementerio con la condición de que quedase como ejido. Al mismo tiempo, los monarcas donaron al monasterio jerónimo de Santa María del Parral la piedra del onsario, es es, las lápidas y las losas que se encontrasen en el mismo.

El historiador Diego de Colmenares nos indica que el tramo del valle del Clamores que incluía el cementerio y las tenerías situadas al otro lado del río pasó a denominarse Prado Santo por las conversiones allí verificadas en el contexto de la expulsión. Esta zona fue conocida más tarde como la Cuesta de los Hoyos, en referencia a las numerosas depresiones existentes en la ladera del valle en aquellos puntos donde se encontraban los enterramientos.

La naturaleza pública del antiguo cementerio y su ubicación en uno de los límites de expansión de la ciudad se convirtieron a la postre en la mejor protección para la necrópolis. Las únicas modificaciones destacables que se han realizado en los últimos cinco siglos en esta parcela han sido la plantación de pinos efectuada por el ayuntamiento en 1859 y la apertura a fines de esa centuria de una carretera que la atraviesa longitudinalmente y que fue ampliada en varias ocasiones a los largo del siglo XX.

La recuperación del pasado hebreo de Segovia comenzó en buena medida por el cementerio con las excavaciones efectuadas en 1886 por los ingenieros Joaquín María Castellarnau y Jesús Grinda. Los años 1919 y 1920 se realizaron diversas prospecciones a las que siguió la campaña dirigida por Isabel Burdiel en 1962 tras una nueva ampliación de la carretera que atraviesa el yacimiento. Una década más tarde, en 1975, Alonso Zamora llevó a cabo nuevos trabajos de campo. Las últimas campañas de excavación efectuadas hasta el momento han sido las dirigidas por Sonia Fernández entre 1994 y 1997, a las que hay que sumar las prospecciones realizadas por Isabel Marqués en 2009 y 2010.

Hoy en día es una zona de acceso libre que se puede visitar por cuenta propia.

 

Fuente: El patrimonio judío de la ciudad de Segovia. Bonifacio Bartolomé

 

 

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